Culturas, Relatos — November 20, 2011 at 1:58 am

Me habían dicho

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Es el momento de marchar, de dejar atrás un sueño, una vida. ¿Piensan los que no piensan que en una caja de cartón caben idilios, pesadillas, penas, alegrías, odio, rencores… en fin, toda una existencia?

La luz amarilla del flexo se mezcla con el humo de un cigarrillo que acabo de apagar. Cojo aire. Siento como se filtra por mis fosas nasales un mar de olores que a mi entender, morirá como mueren las olas en la playa. Será masacrado por nuevos olores de las gentes que huérfanas de las razones por las que marchó el anterior inquilino, se camuflarán con esa actitud camaleónica que tiene el ser humano para ocupar contextos lozanos.

Me han dicho que recoja todo. Me han repetido que recoja todo. Es el momento de marchar, de dejar atrás un idilio, una rutina. ¿Piensan los que no piensan que en una caja de cartón caben sueños, pesadillas, penas, alegrías, odio, rencores… en fin, toda una vida?

Estoy mirando por la ventana y tras ella veo un camión de mudanzas. He doblado las últimas sábanas que dejaré apartadas en un cajón. Reflexionando, llego a la vaga conclusión de que cada vez el hombre se va haciendo más inhumano, dirigiéndose, a marchas forzadas, hacia una composición insustancial preocupada por el medio pero muy despreocupada por los individuos que lo habitan. Responde a ideologías que su hipócrita existencia contradice. Pertenece a partidos transversales que acaban ahogándose en ideas hegemónicas infructuosas. Critica aquello que le da de comer. Respeta a quienes le escupen y hace mal a todo el que por sus circunstancias exteriores o interiores, es inferior en términos sistémicos. ¿Dónde está aquel hombre que vivía con y para los hombres? ¿Aquél revolucionario que llevaba su revolución más allá de sus entrañas?

Hace frío, bastante frío. Es lo que tiene una casa tras extirparla el alma y que aguanta gracias a su esqueleto el sosiego del rechinar de los adioses.

¿Guardo ese lápiz o quizás debería guardar el teclado que torturé a base de faltas ortográficas? No, guardaré la memoria de un viejo PC que huele a salmón ahumado. Esa memoria contiene sueños, ideas inconclusas, relatos a medio hacer de esos que dejas para un mañana cada vez más cercano pero que no llega. Podría guardar el cenicero, tantos y tantos cigarros, porros y lo que no son porros mutilados. Sufrirá la falta del calor humeante y tiñoso si los nuevos inquilinos nos son fumadores. ¿Qué debo guardar en esa caja?

Bajo lentamente las escaleras. Todavía estoy viendo a Alba, ahí, con su mirada triste, despotricando del mundo y muriendo por la ideas.

-Señor Martínez, ¿ha terminado de recoger sus cosas?- Me pregunta el operario de la empresa de mudanzas.

-No

-¿Tiene decidido dónde lo vamos a llevar?

-No

-¿Me va a responder a algo que sí?

-¿Quiere un trago?

-Es temprano, pero bueno.

El bar de Tony ya no es el bar de Tony. Es un espacio diáfano donde cocina y clientes conviven separados por un cristal. Es uno de esos establecimientos de comida en cadena en los que sirven productos almacenados en grandes contenedores. La representación del modelo fordista que aniquila el romanticismo y la pasión de toda una cultura culinaria y de convivencia de barrio.

Un olor sintético nos saluda. El camarero agacha la cabeza y con cortesía, aunque alejado de cualquier signo de cuadrilla tabernera, nos sirve un par de cañas en vaso de plástico.

-¿Y dice que llevaba viviendo cuarenta años en el barrio?

-Sí

-¿No siente pena de dejarlo?

-Sí

-¿Por qué siempre me responde con monosílabos?

-¿Qué siente al llevarse parte de la vida de los demás a otro sitio?- Le pregunto cortando la conversación.

-Buena pregunta… nunca lo he pensado.

-¿Cómo no puede pensar eso alguien que vive de ello?

-¿A qué se dedica usted?

-Era cartero.

No quiero contarle que yo siempre me había sentido portador de ilusiones, penas y propaganda. No le conozco lo suficiente para desnudar las partes más íntimas de otras tantas como muchas profesiones condenadas al olvido. Me invita a lo tomado y regresamos a casa.

Desde la entrada, a través del cristal de la guardilla, veo la caja donde tengo que guardar toda mi vida. He olvidado por completo esa operación, por lo que despacho con un “espera el tiempo que tenga que ser” al transportista, Tipo que no sabe si trasporta ilusiones, recuerdos, penas… o meras piezas materiales de uso cotidiano. ¿Quizás no se quiera inmiscuir con la parte psicológica y sociológica de un trabajo tan frío y doloroso?

Antes de entrar por la puerta pongo los ojos atrás. El tal señor está fumando un cigarrillo. Mira al suelo y golpea algo con su pie. A su lado, el camión de mudanzas, o la funeraria de contextos, me mira con sus dos luces circunstanciales.

El viento juega con unas hojas en el patio. Allí Alba escribía sus relatos para una revista feminista mientras yo repartía mensajes. Era buena escritora, una forma irracional, para muchos, de entender la literatura como se entiende la vida. Una mañana su vieja máquina de escribir dejó de oler a tinta y a papel reciclado. Conoció a un hombre de esos que dicen tener todo  enmascarados en una delicada pero pretenciosa dialéctica y puso rumbo al norte. Meses después me enteré de que la droga y el alcohol habían chafado dos corazones inquilinos y Alba había puesto nuevamente rumbo al centro. Años después la encontré en un semáforo. Me saludó cabizbaja. El rojo, el color que un día nos unión, nos dijo adiós hasta la fecha.

-¿Ha terminado de guardar sus cosas?- Me vuelve a insistir el operario con un tono petulante.

-¿En su camión cabe toda una vida?

-Déjese de idioteces, tengo muchas cosas en la cabeza.

No me responde, por lo que vuelvo a la caja. Creo haber decidido lo que meter. Guardaré una porción de nostalgia, otra de alegría, otra de pena, otra de aromas y, sobre todo, una de besos. Sí, creo que guardaré todos los besos que no di.

Cierro la caja con cinta de carrocero, la bajo y la coloco en el lugar más seguro del camión.

-¿Parece que lleva poco ahí dentro?- me pregunta el transportista con tono irónico.

-¿Es imposible cuantificar lo que aquí guardo?- le respondo un tanto insípido.

Siempre igual, siempre creemos que podemos mediar todo, ese es el error, el medir…

-Tranquilo, no se ponga así, ¿ha cerrado bien las puertas?

-Sí

-Cuando quiera nos vamos

-Ahora mismo

-Lleva prisa

-No

-Parece como si la llevara

-Usted me ha invitado a marcharnos

-¿Ha pensado dónde dejar todo esto?

-Todavía no

-Todo el kilometraje correrá de su cuenta

Es el momento de marchar. ¿Las circunstancias? No las tengo claras. ¿Dónde iré? Tampoco. He renunciado al sistema y el primer paso es dejar atrás al sistema. Todo lo que necesito lo llevo guardado en una caja de cartón. El resto lo arrojaré al primer vertedero que encuentre, sitio dónde los occidentales arrojamos las sobras de todo lo que un día fueron necesidades.

El camión arranca. Miro hacia atrás. Genero una última instantánea mental del lugar para guardarla en mis adentros. No sé si irá al corazón como decía Aristóteles o a la cabeza como se dice hoy en día. Sólo sé que quiero una instantánea para que así, cuando pretenda ser turista de mi pasado, tener un pasaporte aunque sea en sueños bajo un árbol, en un puente de carretera, en una casa ocupa, en un centro de sin techo…

-Si quiere puede fumar, no me importa. Yo ahora mismo me voy a encender un cigarro.

-¿Es feliz?

-¿A usted qué le pasa? ¿Es pensador o algo de eso y va a escribir un libro? Pues claro que soy feliz. Tengo mi coche, mi casa, una tele de cuarenta pulgadas para ver el fútbol, voy a Benidorm a comer coñitos en verano y los domingos por la tarde me voy de putas… y sí, cojones, soy feliz.

Yo también lo era, le respondo mientras saco el último cigarro de un paquete que había comprado hace seis horas.

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1 Comment

  • hace mucho que trate de filtrar toda esa inrmooacifn, pero hoy en dia, en todo el pais pero aca en el norte, esas imagenes te llegan y son imposibles de ignorar aunque debo confesar que ver encabezados de X numero de ejecutados en tienditas o sicarios muertos en enfrentamientos con el ejercito me da un andenles putos .luego llego este video, tengo una nif1a de esa edad, este video me rompio la madre, la nausea, el asco, la rabia, en relacion lo que senti cuando por estupido y morboso vi uno de los videos hosteados en el blogdelnarco.com, se exponencio miles de veces.todos tenemos culpa en esto, desde que compramos pirateria, hasta dar mordidas o simplemente joder al projimo, todos menos ellos. Esos nif1os deberian unicamente de preocuparse por que Marianita les hizo cara fea, o por que Alex le pega a mi hija luego vino la multiple ejecucion afuera del bar rockero por exelencia en monterrey, a las 12 de la noche cuando mas lleno esta, ejecutan al cadenero que ha estado en la puerta del bar durante 19 af1os, que si era un tipazo, pero que sabemos que se movia en eso, y vinieron los golpes de pecho, las acusaciones al gobierno, al dia siguiente una marcha todos de blanco y velas en la entrada.de un lugar al que entre siendo menor a tomar alcohol, de un lugar al que durante 20 af1os se supo que era punto de venta, ofrendas dejadas por el mas grande de los pachecos que conozco todos tenemos la culpa de este pinche infierno menos ellos

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